Hace frío. Demasiado. ¿Por qué no puede cambiar ya el tiempo? Qué pesadilla...
Lo peor es tener que levantarse temprano para ir a clase (¡Yuju!). Sí, porque el maravilloso mundo del saber es apasionante, sobre todo cuando estás estudiando Dietética... (-.-).
Además, está lloviendo.
Si ya no es suficiente con que salgas de la cama y se te hielen hasta las uñas de los pies, encima sales a la calle que está llena de humedad y agua que cae del cielo (obvio). Luego llegas a clase y estás congelad@, a penas puedes moverte para coger el lápiz sin que una mini ráfaga de aire que entra por la puerta te llene el cuerpo y te deje estatua. Por suerte nadie se sentó al lado de uno de los radiadores y puedes acoplarte, ahí, apiñadit@ a él.
Termina la mañana y tienes que volver a casa. Sigue lloviendo (guay), el paraguas que llevas no se abre (doble ración de guay) y te pasas unos tres, cuatro minutos intentando hacer que se abra y se quede abierto. Mejor todavía es llegar a tu casa y ver que el muy cabrón no se cierra.
Pero ya estás en casa. Ya da igual. Ya eres feliz pensando en que te pondrás cómod@ y enchufarás la calefacción.
De verdad, quiero que lleguen los días interminables de sol. El cielo es más bonito cuando está color azul.
Ya llegarán. Paciencia.
Besitos y sonrisas.

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